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	<title>EQUOlumnistas &#187; Habiendo sol</title>
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	<description>El blog de los EQUOlumnistas</description>
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		<title>El imperativo energético</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 10:53:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pepa Mosquera</dc:creator>
				<category><![CDATA[Habiendo sol]]></category>

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		<description><![CDATA[Poco antes de morir de forma repentina en octubre de 2010, el eurodiputado Hermann Scheer – uno de los principales abanderados del uso de energías renovables en Alemania y el mundo– vio publicado el que sería su cuarto y último libro : “Der energesthiche imperative” (“El imperativo energético”). El libro, que ya podemos leer en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Poco antes de morir de forma repentina en octubre de 2010, el eurodiputado Hermann Scheer – uno de los principales abanderados del uso de energías renovables en Alemania y el mundo– vio publicado el que sería su cuarto y último libro : “Der energesthiche imperative” (“El imperativo energético”). El libro, que ya podemos leer en castellano (Editorial Icaria), hace un detallado repaso de todas las estrategias que gobiernos, grandes empresas energéticas y medios de comunicación llevan a cabo para intentar lastrar el desarrollo de las energías renovables.</p>
<p>Una de esas tácticas es tratar de confundir a los ciudadanos sobre la capacidad tecnológica de las renovables para sustituir a las fuentes convencionales, nuclear incluida. Pero como Scheer destaca en “El imperativo energético”, la batalla por las renovables no es una batalla tecnológica (esa está ganada o se ganará) sino ideológica. La filosofía que impregna el nuevo modelo basado en las renovables, la eficiencia y el ahorro, hunde sus cimientos en el autoabastecimiento, la generación distribuida y la sostenibilidad. Toda una revolución, un cambio radical respecto al actual sistema energético centralizado, malgastador de recursos y dependiente de unos pocos, que tratan de frenar de todas las formas posibles la revolución que se está produciendo en el terreno de la energía.</p>
<p>Pero no hay que temerles. Como dijo Ghandi –y Scheer recuerda en el prólogo del libro– &#8220;primero te ignoran, luego se ríen de ti, luego te combaten y al final ganas&#8221;. Antes o después, obtendremos energía únicamente del viento, el sol y el agua. Ahora bien, la simple voluntad no basta para que se produzca el cambio. Hacen falta muchos recursos y un elemento que no se suele mencionar muy a menudo: formación. Un aspecto en el que todavía andamos flojos: “Incluso si de hoy para mañana se acabaran y superaran todas las resistencias contra las energías renovables, se implementaran prioridades políticas claras y se pusiera a disposición de este cambio suficiente capital de inversión, nos tendríamos que enfrentar al problema de que, hasta el día de hoy, sólo existe un número reducido de técnicos especialistas con la formación adecuada”, señala Hermann Scheer.</p>
<p>Esta advertencia debe interpretarse, en realidd, como toda una oportunidad. Aunque el menosprecio al que se han visto sometidas las renovables ha ido acompañado de un enorme desinterés en su enseñanza, a todos los niveles (escolar, profesional y académica), el vacío está empezando a cubrirse y una nueva generación de jóvenes se prepara para hacer frente al reto que supone contar, a gran escala, con especialistas en tecnologías energéticas limpias. En cualquier caso, es de vital importancia trasladar cuanto antes a nuestro sistema educativo esta nueva forma de entender la energía como bien básico, necesario, universal y limpio. E incentivar el cambio con señales claras de precio, premiando el ahorro de energía y penalizando el mayor consumo. Justo lo contrario de lo que se ha hecho hasta ahora.</p>
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		<title>Escondiendo el CO2</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jul 2011 11:02:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pepa Mosquera</dc:creator>
				<category><![CDATA[Habiendo sol]]></category>

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		<description><![CDATA[A diferencia de lo que ocurre habitualmente con las directivas europeas, que España traspone al ordenamiento nacional con meses, incluso años, de retraso, la centrada en la captura y almacenamiento de dióxido de carbono (CO2) ha sido franqueada con una celeridad pasmosa.. De hecho, el nuestro ha sido el primer país europeo en transponerla, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A diferencia de lo que ocurre habitualmente con las directivas europeas, que España traspone al ordenamiento nacional con meses, incluso años, de retraso, la centrada en la captura y almacenamiento de dióxido de carbono (CO2) ha sido franqueada con una celeridad pasmosa.. De hecho, el nuestro ha sido el primer país europeo en transponerla, y desde el 29 de diciembre de 2010 contamos con la Ley de Almacenamiento Geológico de Dióxido de Carbono.</p>
<p>En estos momentos, seis países, entre ellos el nuestro, tienen en marcha proyectos de secuestro y almacenamiento de CO2 (CCS, por sus siglas en inglés). Una tecnología cuya finalidad es atrapar el dióxido de carbono emitido en centrales térmicas, refinerías de petróleo, cementeras o siderúrgicas, conducirlo por tuberías e inyectarlo en el subsuelo, dejándolo confinado en “almacenes” de roca. Muchos gobiernos de la UE califican de “imprescindible” el CCS en la lucha contra el cambio climático (se prevé que permita neutralizar hasta el 90% de las emisiones de CO2 de las térmicas), y también gusta a las industrias, al ayudarles a reducir su factura en certificados de emisiones de CO2.</p>
<p>Según la Agencia Internacional de Energía, la captura y almacenamiento de CO2 podría representar para el año 2050 un 20% de la reducción de emisiones planeada. Siempre, claro está, que la tecnología esté disponible a tiempo. De momento está dando sus primeros pasos. El horizonte que contempla la Comisión Europea es que en 2015 se demuestre su utilidad y que en 2020 comiencen las explotaciones comerciales. Por tanto, habrá que esperar unos diez años para que las primeras plantas de CCS empiecen a operar. Sin embargo, el lapso de tiempo del que disponemos para hacer frente al cambio climático es cada vez menor.</p>
<p>Esta es una primera razón que pone en entredicho la apuesta por la tecnología CCS. Pero no es solo que vaya a llegar demasiado tarde, es que su desarrollo va a costar millones de euros; un dinero que bien podría dedicarse a apoyar a las tecnologías de generación eléctrica verdaderamente limpias, que no emiten CO2, Y con el apoyo público y la financiación adecuada resultarían plenamente competitivas en un plazo de tiempo mucho más cercano (algunas ya lo son). El secuestro y almacenamiento de carbono supone, además, seguir apostando por los fósiles para generar electricidad. El “combustible” del que se abastecen estas plantas es el CO2 liberado por térmicas e instalaciones industriales, y no parece lógico pensar que las futuras plantas de CCS, cuyo coste ascenderá a muchos millones de euros, vayan a ser diseñadas y construidas solo para operar unos pocos años.</p>
<p>La propia tecnología CCS entraña riesgos para el medioambiente y la salud. Para captar el CO2 y llevarlo a su destino bajo tierra, primero hay que separarlo de los otros contaminantes emitidos por las centrales, y en este proceso pueden liberarse sustancias tan peligrosas como las nitrosaminas (son cancerígenas), como ocurrió recientemente en una planta piloto de Noruega, el país más avanzado en la investigación de la CCS. Otros métodos de separación de los gases se basan en la tecnología de post-combustión refrigerada, en la que interviene el amoníaco. O en la oxicombustión, en el que la combustión se realiza con oxígeno y no con aire, como ocurre en el proyecto Compostilla (El Bierzo, León), el de mayor envergadura que se lleva a cabo en España y en el que participa tanto el sector público (a través de la Fundación Ciudad de la Energía) como el privado (Endesa y Foster Wheeler Energía).</p>
<p>Además, sea cual sea el método elegido, para atrapar el CO2 es necesario emplear grandes cantidades de energía. Y la tecnología CCS debe garantizar la plena estanqueidad de los kilómetros de tuberías que habrá que construir para transportar el gas desde las centrales hasta los almacenes. También habrá que asegurarse de que el gas (que se licuará para reducir su volumen) quedará bien confinando en el subsuelo. ¿Es esto posible? Los depósitos de CO2 deben reunir condiciones que pocos lugares cumplen. Además de estar a prueba de terremotos, deben localizarse a profundidades que no encarezcan demasiado el proyecto (se considera que unos 800 metros es la profundidad “idónea”), y la roca almacén (piedra caliza y depósitos de gas agotados son las dos opciones principales que se barajan) tiene que estar protegida por una roca “sello”, que impida cualquier riesgo de fuga o escape del gas.</p>
<p>El problema es que la naturaleza es mucho más poderosa que cualquier medida de seguridad humana (acabamos de verlo en Fukushima). ¿Qué ocurriría si por cualquier razón las millares de toneladas de CO2 almacenado se liberarán de pronto? Los expertos que investigan la tecnología CCS argumentan que los depósitos van a estar continuamente monitorizados y no se va a producir ningún escape. Quizá sea así, sin embargo, en 1986 se produjo una catástrofe natural en el Lago Nyos, en Camerún, causada por una pérdida de enormes cantidades de CO2 que le costó la vida a unas 1.700 personas.</p>
<p>Visto costes, riesgos y tiempo necesario para el desarrollo de la tecnología CCS no parece que sea, esta, precisamente, la mejor opción para “salvar” el clima. ¿No sería más lógico que dejáramos de una vez de emitir gases de efecto invernadero en vez de tratar de esconderlos bajo tierra?</p>
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		<title>Electricidad solar para todos</title>
		<link>http://equolumnistas.proyectoequo.org/2011/06/20/electricidad-solar-para-todos/</link>
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		<pubDate>Mon, 20 Jun 2011 07:30:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pepa Mosquera</dc:creator>
				<category><![CDATA[Habiendo sol]]></category>

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		<description><![CDATA[Como en una buena película de intriga, en la que ninguno de los protagonistas resulta ser lo que parece y la trama no deja ver hasta el final el desenlace, la energía solar fotovoltaica (FV) puede que en breve pierda ese rol de perdedora que ahora la acompaña. Claro que todo depende de los guionistas. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como en una buena película de intriga, en la que ninguno de los protagonistas resulta ser lo que parece y la trama no deja ver hasta el final el desenlace, la energía solar fotovoltaica (FV) puede que en breve pierda ese rol de perdedora que ahora la acompaña. Claro que todo depende de los guionistas.</p>
<p>El año pasado, el Gobierno recortó en un 45% las tarifas de la FV en suelo, con el objetivo de laminar el negocio de las huertas solares y ahorrar a las arcas del Estado 607 millones de euros entre 2011 y 2013. Ahora empieza a escribirse un nuevo guión que puede llenar los tejados de las casas españolas de paneles solares.. Este nuevo guión lleva por título “Real Decreto de Regulación de la Conexión a Red de Instalaciones de Producción Eléctrica de Pequeña Potencia”, más conocido como Ley de Autconsumo. Se espera que el gobierno lo apruebe este verano.</p>
<p>La nueva norma supone todo un cambio respecto a la legislación actual, al permitir que el propietario de una vivienda pueda comerciar con la energía generada por su pequeña instalación, vendiendo a la compañía distribuidora la energía que no consuma y comprándole electricidad en el caso de que necesite más de la que la planta genera. Todo ello sin necesidad de darse de alta como empresario, como ocurre ahora.</p>
<p>El sector viene reclamando desde hace años una legislación de este tipo, en especial los propietarios de pequeñas instalaciones FV a los que la normativa actual solo les permite dos posibilidades excluyentes: utilizar la instalación para autoconsumo o vender toda la energía que genere. La nueva norma acabará con esta incompatibilidad. También permitirá ahorrar un buen pellizco en el recibo de la luz a quien apueste por estos sistemas ya que una instalación solar FV de unos 3,5  KW basta para generar la electricidad necesaria para alimentar los electrodomésticos habituales  en una vivienda estándar española. A día de hoy, la electricidad solar cuesta un 70% menos que hace cuatro años, entre 2.500 y 3.500 euros, y se espera que a mediados de esta década baje otro 50%, alcanzándose la paridad de red en unos cinco años, de manera que los plazos de amortización de la instalación serán cada vez menores.</p>
<p>Fomentar el desarrollo de las pequeñas instalaciones FV puede suponer, además, un importante alivio para muchas empresas de pequeño y mediano tamaño, que han sufrido todo tipo de calamidades ante los sucesivos cambios normativos de los últimos años (de hecho, buena parte de ellas no ha tenido otra alternativa que cerrar). Hasta puede que ayude a darle la vuelta al modelo de negocio solar, ahora basado en grandes plantas pero en cuyos orígenes la forma esencial era el autoconsumo.</p>
<p>Queda por ver hasta dónde llega realmente el futuro real decreto de Autoconsumo. Como señalan desde la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), fomentar el autoconsumo no basta por si solo si no se simplifican de verdad los procedimientos, se eliminan barreras y se establece un mecanismo del saldo de la energía generada que resulte atractivo para el consumidor. A día de hoy, instalar un sistema de 3 kW  conlleva un proceso administrativo tan largo como si se solicitasen los permisos para operar una huerta solar cien veces más potente; y, desde luego, echarle muchísima paciencia, porque el proceso se demora entre uno y dos años. El  último borrador de RD promete reducir estos tiempos de uno a tres meses.</p>
<p>El sector FV asegura que esta tecnología permitirá generar a los particulares más del 60% de la electricidad que consuman. Que gobiernos y eléctricas lo permitan es otra historia. De momento, el crecimiento de la solar FV, ya sea en suelo o en cubierta, está frenado por cupos anuales, a razón de unos 350 MW al año. Por eso, el sector pide que el nuevo Plan de Energías Renovables (PER) 2011-2020 no incluya el autoconsumo en los objetivos finales de FV, para evitar que esta nueva puerta que se abre a la fotovoltaica venga ya lastrada. Hace falta, igualmente, que la instalación de los paneles deje de limitarse casi en exclusiva a los chalés, como ocurre ahora, y de el salto a los edificios, integrándose en cubiertas y fachadas y así se de otro paso a favor de la eficiencia energética. Porque aunque el guión que Industria ha escrito estos años de la solar FV nos haya confundido, apostar por esta tecnología es hacerlo también por la eficiencia energética, de la que tan necesitados andamos en este país.</p>
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		<title>Si, un futuro sin nuclear es posible</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 09:18:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pepa Mosquera</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Chernóbil y Fukushima empataron a siete hace unas semanas, cuando la Organización Internacional de la Energía Atómica elevó a esa categoría –la más alta en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares– el nivel de gravedad del accidente en la central atómica japonesa (aunque ahora quieren cambiar las reglas del juego y es posible que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Chernóbil y Fukushima empataron a siete hace unas semanas, cuando la Organización Internacional de la Energía Atómica elevó a esa categoría –la más alta en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares– el nivel de gravedad del accidente en la central atómica japonesa (aunque ahora quieren cambiar las reglas del juego y es posible que se revise la escala de calificación).</p>
<p>Como se ha recordado estos días, el 26 de abril de 1986 Chernóbil perdía para siempre el anonimato al estallar el reactor número 4 de la central durante unas pruebas de seguridad. El accidente liberó unas 200 toneladas de material fusible, con una radiactividad equivalente a 500 bombas de Hiroshima, matando, según las cifras oficiales, a 31 trabajadores. La cifra de muertes indirectas es infinitamente mayor: un estudio de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear indica que entre 50.000 y 100.000 de los trabajadores que participaron en las labores posteriores de sellado de la central habían muerto ya o estaban enfermos en 2006. Estos datos no incluyen a otros posibles afectados. Durante aquella primavera de 1986, más de 116.000 personas fueron evacuadas de la región, y otras 220.000 fueron “relocalizadas” en los años siguientes. La Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) eleva la cifra de afectados a cinco millones de personas, que se hallaban en amplias zonas de Bielorrusia, Rusia y Ucrania posteriormente designadas como “contaminadas”. Según Naciones Unidas, 150.000 kilómetros cuadrados quedaron contaminados en la ex Unión Soviética y otros 45.000 en la Europa occidental.</p>
<p>Ahora, el mundo asiste a otra catástrofe nuclear de dimensiones parecidas, sino superiores a la de Chernóbil. Un nuevo accidente que se suma a muchos otros “pequeños” (buena parte de ellos silenciados) que se han ido sucediendo a lo largo de estos 25 años en plantas atómicas de todo el mundo, y que ha puesto en evidencia que las centrales nucleares no son seguras. Por mucho que se empeñen sus defensores en mantener lo contrario, no lo son. Ni las autoridades japonesas ni Tepco, la eléctrica propietaria de Fukushima, han sido capaces de poner bajo control la central en el tiempo transcurrido desde que sus reactores empezaron a estallar y parte del combustible a fundirse a raíz del terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo. Además, hay serias sospechas de que los directivos de Tepco han tratado de minimizar el alcance del siniestro, que, como el de Chernóbil, está afectando directamente a millones de personas, parte de las cuales han perdido sus hogares para siempre.</p>
<p>“Jamás permitiré que Tepco reabra la central nuclear Fukushima-1”, decía recientemente Yuhei Sato, gobernador de la prefectura de Fukushima, a Masataka Shimizu, presidente de Tepco. Lo terrible es que Yuhei Sato –y como él tantos otros políticos– hayan tenido que vivir esta tragedia para comprender hasta que extremo es peligroso poner en manos de la energía nuclear la producción de electricidad.</p>
<p>Tratar de suplir esa producción recurriendo a las tradicionales energías de origen fósil, como el gas o el carbón, sería perpetuar el error y agravar aún más el problema del cambio climático. Afortunadamente, hay otra forma de producir la electricidad que necesitamos sin afectar el medio ambiente ni dañar nuestra salud: utilizando las tecnologías que aprovechan como fuente primaria el sol, el viento o el agua. Y quien crea que no están maduras para responder al reto, se equivoca. En los últimos cinco años, estas tecnologías han madurado hasta ser la primera inversión energética en el mundo; por el contrario, la energía nuclear sigue siendo tan inmadura como hace cincuenta años.</p>
<p>En España, las renovables junto con la gran hidráulica constituyen ya una tercera parte del sistema eléctrico. Como recoge el Balance Energético 2010, el año pasado representaron el 32,6% de la producción eléctrica. El mayor peso se lo llevó la eólica, que en marzo pasado batía nuevo record y se convertía en la tecnología que más electricidad generaba de todo el sistema, con una producción de 4.738 GWh, según datos de Red Eléctrica de España (REE). Además, las renovables han demostrado ser el instrumento más eficaz para reducir las emisiones de CO2 y las importaciones de carbón, gas y petróleo. En 2010 redujeron en un 20% las emisiones de efecto invernadero y en tres puntos la dependencia energética.</p>
<p>En realidad, la transición hacia un modelo energético basado en una participación cada vez mayor de renovables se está produciendo ya en todo el mundo. Las quieren las economías desarrolladas por múltiples razones (desarrollo tecnológico, competitividad industrial, ahorro derivado de las emisiones evitadas…) pero también –aunque de forma incipiente– los países más pobres, donde las renovables suponen una excelente oportunidad para que puedan avanzar en su desarrollo económico y mejorar la calidad de vida de su población.</p>
<p>La duda de muchas personas es si podeemos producir toda la energía que necesitamos solo con renovables. Greenpeace ha aportado sendos documentos (entr otros, “Renovables 2050” y “La batalla de las redes”) en los que muestra el camino a seguir para lograr que dentro de cuatro décadas toda la energía que necesitamos –no solo la eléctrica– puede ser producida con estas tecnologías. La ruta también está indicada en el informe &#8220;Cambio Global España 2020/50. Energía, economía y sociedad&#8221;, elaborado por un equipo de expertos codirigido por Pedro Linares, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, y Joaquín Nieto, que acaba de estrenar cargo como representante español de la OIT.</p>
<p>“Cambio Global España 2020/50” indica que, además de apostar sin demora por las renovables, las pautas a seguir son impulsar el ahorro y la eficiencia energética, ahorrando en edificación, transporte y energía en todos los sectores. El informe plantea que para 2020 las renovables generen casi el 70% de la electricidad total, y que el porcentaje llegue &#8220;prácticamente&#8221; al 100% en 2030. Para ello, propone, entre otras medidas, rehabilitar cada año 500.000 viviendas en clave de ahorro energético y mejorar la eficiencia del trasporte en un 22% para 2020, enfatizando el uso del coche eléctrico, para lo cual habría que contar con 2,5 millones de vehículos eléctricos en 2020 y 15 millones en 2050. Por supuesto, sin voluntad política real no se pueden alcanzar estos objetivos.</p>
<p>Los estudios citados también demuestran que en este camino hacia el nuevo modelo energético la energía nuclear es la primera de la que podemos ir prescindiendo, clausurando las centrales a medida que acaban su vida útil y adelantando el cierre de las menos seguras. En España hay ocho centrales nucleares que generan en torno al 20% de la electricidad producida, cuando las renovables, junto con la gran hidráulica, generan ya más de la tercera parte. En realidad, nuestro mayor problema no es la adicción a la nuclear sino al petróleo; adicción que proviene, sobre todo, del transporte, totalmente dependiente de los combustibles fósiles. En el campo de la generación de electricidad somos mucho más autónomos. De hecho, exportamos más electricidad de la que importamos. Dado el tiempo de construcción que exige una planta atómica –en torno a diez años–, que probablemente se alargará aún más con las nuevas medidas de seguridad que se exigirán a raíz del desastre de Fukushima, la nuclear tampoco sirve de mucho para frenar el cambio climático.</p>
<p>Sí. Sí es posible prescindir de la energía nuclear. Otra cosa es que la codicia de unos cuantos y la resistencia al cambio de otros muchos lo permitan.</p>
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		<title>Ni caras ni ingobernables</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Mar 2011 10:22:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pepa Mosquera</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las energías renovables llevan meses sometidas a una dura campaña de desprestigio que está haciendo dudar a muchas personas de sus beneficios y de la capacidad técnica y económica de estas fuentes para sustituir a los combustibles fósiles y a la energía nuclear. Los conflictos en el mundo árabe y, sobre todo, la tragedia de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las energías renovables llevan meses sometidas a una dura campaña de desprestigio que está haciendo dudar a muchas personas de sus beneficios y de la capacidad técnica y económica de estas fuentes para sustituir a los combustibles fósiles y a la energía nuclear. Los conflictos en el mundo árabe y, sobre todo, la tragedia de Japón ha empujado a los orquestadores del ataque a replegar –de momento– la artillería pesada, lo cual no es óbice para que aprovechen la menor oportunidad para volver a “poner en evidencia” las “carencias” de las energías limpias.</p>
<p>Estas son algunas de las acusaciones que con más insistencia repiten:</p>
<p><strong>“Las energías renovables son tecnológicamente inmaduras”</strong></p>
<p>Mal que les pese,<strong> </strong>las renovables han avanzado más en los últimos cinco años que la energía nuclear en cinco décadas. El grado de desarrollo de estas tecnologías no es el mismo en todos los casos, algunas de ellas están dando sus primeros pasos –como las oceánicas– mientras que otras, caso de la eólica, ya  presentan costes competitivos con la generación convencional en muchos emplazamientos, lo que convierte a la energía del viento en una tecnología cada vez más demandada en todos los países del mundo. Y lo mismo va a ocurrir en breve con la solar fotovoltaica y las centrales termoeléctricas.</p>
<p>Lo cierto es que, desde hace cuatro años, la primera inversión energética en el mundo son las renovables. En la UE, en la última década, se han instalado casi tantos megavatios de energías renovables como de gas. En concreto, 118.000 en centrales de ciclo combinado y 111.000 en renovables, mientras que la energía nuclear ha perdido 7.594 MW.  España es uno de los países europeos dónde mejor se puede apreciar el espectacular avance de algunas de estas tecnologías. Hace unos días, el Secretario de Estado de Energía, Fabricio Hernández, daba a conocer que las renovables fueron la principal fuente de generación eléctrica en 2010, aportando el 32,3 % de la electricidad que consumimos el año pasado. A destacar, el papel desempeñado por la eólica, que generó el 14,6 % de dicha electricidad.</p>
<p>Esto no quiere decir que a la industria eólica, la fotovoltaica, la termosolar, y, sobre todo, a las tecnologías más incipientes, les falte camino por recorrer. En mayor o menor medidas, todas tienen por delante retos importantes para abaratar costes, mejorar su rendimiento y ser más eficientes. La inversión en I+D+i es clave en este sentido, y como la industria de las renovables lo sabe muy bien destina importantes sumas de dinero a este apartado, duplicando las cantidades que otros sectores invierten en mejorar tecnológicamente y ser más competitvos.</p>
<p>En cualquier caso, si consideramos madura a una tecnología solo cuando es rentable y comparable económicamente a otras tecnologías existentes, está claro que no existe ninguna que fuera madura en sus primeros años de desarrollo y que no necesitara de ayudas para crecer.</p>
<p><strong>“Son muy caras”</strong></p>
<p>¿Caras respecto a qué? ¿Caras para quién?  Tomemos como ejemplo la solar fotovoltaica, de todas, la renovables más vilipendiada. Sus críticos argumentan que el kWh fotovoltaico es muchísimo más caro que el kWh generado con energías convencionales. Lo que no dicen, o no tienen en cuenta, es que  las tecnologías convencionales  no incluyen todos los costes en los que incurren al producir esos kWh. Por ejemplo, la energía  nuclear no incluye el coste de la gestión de los residuos radiactivos durante miles de años; y las de origen fósil (carbón, petróleo, gas natural) apenas están empezando a internalizar los costes ambientales provocados por las emisiones de gases de efecto invernadero.</p>
<p>Si se tuvieran en cuenta todos esos aspectos, las renovables serían ya más baratas. Según un estudio elaborado por la consultora Deloitte para la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), frente a los 2.605 millones de euros en primas que el sector recibió en España en 2008, ese mismo año las renovables evitaron importaciones por valor de 2.725 millones de euros y emisiones por valor de 499 millones; redujeron el precio de la electricidad en el mercado mayorista en 4.919 millones de euros; destinaron a I+D+i  315 millones de euros;  y evitaron gastos sanitarios por valor de 132 millones de euros.  Además, mientras que el precio de los combustibles fósiles no va a dejar de aumentar a medida que aumente su uso, las energías renovables cuestan cada vez menos. Cuanto más las usamos más crece su mercado y las economías de escala y la investigación permiten reducir su coste.</p>
<p>Tomemos de nuevo como ejemplo a la solar FV: está demostrado que al duplicar su mercado su coste re reduce en un 20%. Pero está claro que la fiesta va por barrios. Quienes mantienen vínculos y negocios con la industria del gas natural puede que no se sientan muy alegres al ver como las centrales de ciclo combinado están operando a la mitad de su capacidad debido a la cada vez mayor generación con renovables. Y quienes manejan la energía nuclear no dejan de repetir que ésta es una energía barata, cuando ni mucho menos es así. El desastre ocurrido en Fukushima lo va a hacer muy evidente. Como explicaba recientemente Jesús Cadera, presidente de la Fundación Ideas, &#8220;el coste del seguro de responsabilidad civil lo asumen los estados, no la compañías, mientras que el pago del mantenimiento de los residuos durante miles de años lo asumen todos los ciudadanos en sus recibos, por lo que, al final, resulta mucho más caro&#8221;.</p>
<p><strong>Es imposible producir toda la energía que necesitamos solo con renovables</strong></p>
<p>Este es otro de los argumentos más esgrimidos por los anti renovables. Sin embargo, el informe Renovables 100% que realizó para Greenpeace el Instituto de Investigación Tecnológica de la Universidad Pontificia Comillas demuestra la viabilidad técnica y económica de generar toda la electricidad que España consumiría en 2050 con las energías limpias. El estudio también pone de relieve que generar esa electricidad con renovables sería más barato que hacerlo con energías convencionales, incluso costaría menos que lo que ahora nos cuesta la electricidad.</p>
<p>Otro estudio posterior de la organización ecologista, titulado “La batalla de las redes” – presentado en febrero pasado–  llega aún más lejos el incluir un  euromapa que especifica qué cantidad de cada tipo de energía renovable es viable y cuánto habría que invertir en infraestructura para llevar la electricidad allá donde haga falta en Europa las 24 horas del día, los 365 días del año. &#8220;La batalla de las redes&#8221; se basa en un estudio realizado por la consultora Energynautics GmbH por encargo de Greenpeace International. Para su confección, Energynautics ha trabajado con un modelo de suministro que contempla una red de 224 nodos en los 27 países de la Unión Europea, Noruega, Suiza y los países balcánicos; datos meteorológicos históricos sobre la radicación solar y el viento en cada uno de los nodos a cada hora durante 30 años; y la capacidad renovable y no renovable de cada nodo. Y a quienes argumentan que las renovables no son gestionables, Greenpeace responde que la gestión inteligente de la red, la tecnología de control y una red de líneas de transmisión eficientes pueden equilibrar de forma fiable la demanda con el suministro procedente de energías renovables variables a través del continente, incluso cuando haya poco viento o sol.</p>
<p>También la Fundación Ideas cree que en el año 2050 es perfectamente posible que España produzca el 100% de su energía con fuentes renovables. De acuerdo con los análisis realizados por dicha fundación, en función de la demanda energética,  esto permitiría contar en 2050 con entre 300.000 y 1,2 millones de puestos de trabajo relacionados con las energías limpias y que España ingresara 8 billones de euros, procedentes del mercado energético exterior. Así que el petróleo, el gas, el carbón y la nuclear sí tienen sustituto; las energías renovables. No se trata de cerrar de hoy para mañana las centrales convencionales, sino de poner las bases –políticas, económicas, sociale– para poder ir abandonándolas paulatinamente y hacer la transición a una nueva era energética descarbonizada, en la que eficiencia y la independencia energética sean los otros dos grandes pilares. De hecho, ya estamos dando los primeros pasos hacia esa nueva era, que Jeremy Rifkin  no duda en calificar de “Tercera Revolución Industrial”.</p>
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		<title>Por qué Carmen quiere una caldera de biomasa</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Feb 2011 10:12:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pepa Mosquera</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Como los restantes tres millones y medio de habitantes de Madrid, Carmen ha sido víctima de la tremenda contaminación que envenenó la ciudad durante la primera quincena de febrero. Con el agravante de que, a sus 75 años, ese aire viciado e irrespirable se convirtió en el peor enemigo del asma que padece y la obligó a mantenerse recluida en su casa hasta que el viento y la lluvia hicieron el trabajo de <em>limpieza</em> que el Ayuntamiento no quiere hacer. Carmen sabe bien que esa contaminación está causada por el intenso tráfico de Madrid, y que otro responsable es el humo liberado por las decenas de millares de calefacciones de la ciudad. También sabe que hay alternativas. La edad no le ha restado un ápice de lucidez y en la última reunión de vecinos planteó la conveniencia de sustituir la vieja caldera de gasoil del edificio por otra de biomasa. Como explicó a sus vecinos, una caldera no es sino una máquina para generar calor. La única diferencia es que mientras las convencionales queman gasoil, gas natural o carbón, las de biomasa queman pellets u otros restos de origen forestal o agrario, como huesos de aceituna, cáscaras de almendra, etc. No hay que cambiar ni radiadores ni otros elementos de la instalación. El calor es el mismo y el agua alcanza la misma temperatura. La gran diferencia es que los gases resultantes de la combustión de biomasa se componen, básicamente, de vapor de agua y CO2 neutro (el CO2 que producen es el mismo que absorbió la planta durante su crecimiento, no se trata de un CO2 que no existía antes en la atmósfera). Y la presencia de compuestos de nitrógeno, azufre o cloro es muy baja. Solo con que una parte del parque de viviendas de nuestras ciudades se cambiaran a la biomasa, o utilizaran otras tecnologías limpias, como la solar térmica, la geotérmica o el biogás (en función de las posibilidades de cada edificio), para cubrir al menos una parte de sus necesidades de calefacción y el agua caliente, se daría un paso de gigante a favor de la sostenibilidad del medio urbano (y, de paso, de su asma, piensa Carmen). Por supuesto, el cambio de caldera implica un coste, pero existen subvenciones, que pueden llegar hasta el 50% del precio total de la instalación dependiendo de cada comunidad autónoma, que son las que los conceden.</p>
<p>Esos pellets que alimentan las calderas de biomasa como la planteada por Carmen se fabrican en pueblos como Villafranca, una villa de 3.000 habitantes situada en la ribera Navarra, y se han convertido en fuente de empleo y riqueza para el medio rural. Tanto por los puestos de trabajo relacionados con la fabricación de este combustible natural como con las vinculadas a la limpieza y mantenimiento de las masas forestales. También están contribuyendo a que los ayuntamientos que han apostado por la biomasa para caldear los edificios municipales (colegios, centros deportivos, bibliotecas…) vean mejorada su situación financiera gracias al ahorro en la factura energética, como ha demostrado un estudio realizado por la Asociación Española de Valorización Energética de la Biomasa (Avebiom), que ha analizado el peso de los proyectos bioenergéticos en el Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo (Plan E). Aprovechar la biomasa residual de nuestros montes para convertirla en energía tiene otra gran ventaja: ayuda a gestionar los montes de manera sostenible y a reducir los incendios forestales. Esos fuegos queman, cada año, entre un 0,2 y un 1,6 por ciento de nuestro patrimonio forestal, produciendo, además del desastre ecológico, unas pérdidas equivalentes a 1.800 millones de euros, según estimaciones realizadas por WWF/Adena.</p>
<p>Hay más ventajas. La biomasa, como el resto de las fuentes de energía renovable, es un recurso autóctono, no hay que traerla de fuera. En consecuencia, cuanto más usemos estas fuentes, menos tendremos que importar combustibles del exterior y menos vulnerables seremos a las escaladas del precio del petróleo (y del gas natural) como a la que ahora estamos asistiendo a raíz de la lucha por la libertad que sacude el mundo árabe. Sólo en 2010, la subida del precio del petróleo costó a España 6.000 millones de euros. Una cifra equivalente a 4,7 veces todo el presupuesto de La Rioja para 2011; a cuatro veces lo que el Gobierno estima ahorrar con la congelación de las pensiones; o a tres veces lo que el Gobierno <em>hurta</em> a las renovables para reducir el déficit tarifario . Y este año de 2011, con el barril de brent (el que utilizamos de referencia) ya por encima de los 107 euros, promete aún ser peor. Por eso, por todas estas razones (y algunas más que se podrían añadir) yo, como Carmen, quiero un caldera de biomasa.</p>
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		<title>Que no te engañen</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Jan 2011 13:49:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pepa Mosquera</dc:creator>
				<category><![CDATA[Habiendo sol]]></category>
		<category><![CDATA[carbón]]></category>
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		<category><![CDATA[Energías renovables]]></category>
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		<category><![CDATA[Luz]]></category>

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		<description><![CDATA[Es cierto que a través del recibo de la luz los consumidores ayudamos a costear el desarrollo tecnológico de las renovables (4.600 millones en primeas en 2009). Pero también sufragamos las importaciones de gas y petróleo, las subvenciones al gas, las ayudas al carbón, los derechos de emisión de CO2 regalados a las eléctricas, la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es cierto que a través del recibo de la luz los consumidores ayudamos a costear el desarrollo tecnológico de las renovables (4.600 millones en primeas en 2009). Pero también sufragamos las importaciones de gas y petróleo, las subvenciones al gas, las ayudas al carbón, los derechos de emisión de CO2 regalados a las eléctricas, la ineficiencia energética, las inversiones en redes y el déficit de tarifa. En otras palabras, el sistema eléctrico en su totalidad.</p>
<p>Un modelo basado en consumir más carbón, gas y petróleo no va a contribuir, precisamente, a reducir la factura energética española y asegurarnos el suministro. Máxime cuando el petróleo ha iniciado una nueva escalada de precios. Por el contrario, invertir en renovables sí es una buena apuesta. Estas tecnologías generan el triple de puestos de trabajo, por unidad de PIB, que la media del sector energético, aunque el desquicie regulatorio de los dos últimos años en España ha provocado que en 2009 se destruyeran 20.000 empleos ligados a estas fuentes, 17.000 de ellos en el sector de la solar fotovoltaica. Pese a todo, su balance sigue siendo más que positivo.</p>
<p>Así, mientras que la economía nacional retrocedía un 3,6% en 2009, las renovables crecían una 28,1%, y aportaban 8.425 millones de euros al PIB nacional (el 0,81%). Ese mismo año nos evitaron tener que importar combustibles por un valor superior a los 2.137 millones de euros y supusieron un ahorro en emisiones de CO2 evitadas por encima de los 374 millones de euros. Además, como las renovables entran a precio cero en el mercado eléctrico, desplazando a tecnologías de generación convencionales (de coste marginal mayor), abaratan el precio final de la electricidad. Sólo durante el año 2009, el ahorro que se produjo en el mercado eléctrico debido a este hecho superó los 4.835 millones de euros (fuente de los datos: “Estudio del Impacto Macroeconómico de las Energías Renovables en España en 2009”, elaborado por la consultora Deloitte para la Asociación de Productores de Energías Renovables–APPA).</p>
<p>La creciente importancia de la generación de electricidad en nuestro país con renovables (88.153 GWh en 2010) ha permitido, además, que el sistema eléctrico español haya generado el año pasado 58,7 Mt de emisiones de CO2, cifra claramente inferior a los 74,3 Mt de CO2 que era el objetivo al que se había comprometido España. Es otras palabras, el sistema eléctrico español ha podido cumplir con Kioto gracias a las renovables. Y por más que muchos sigan empeñados en hacernos creer que confiar nuestro suministro eléctrico a estas tecnologías es un riesgo, la realidad demuestra lo contrario: en 2010, las renovables cubrieron el 35% de la demanda eléctrica del país (el 16% aportado por la eólica), más que el gas y el carbón juntos. Así que no te engañen. Las energías renovables han hecho un recorrido espectacular en muy poco tiempo y su futuro es incuestionable.</p>
<p>Los intereses del gas, carbón, petróleo y nuclear han encontrado en Industria un excelente brazo ejecutor para perpetuar el actual –e insostenible– modelo energético y tratar de desprestigiar a las renovables. De todo se ha dicho de ellas: que si son fuentes marginales, que si no están maduras, que si tienen poco rendimiento…A la solar fotovoltaica, la más atacada, se la ha acusado incluso de recurrir al gasoil para producir de noche, con el consiguiente descrédito de esta tecnología. De poco ha servido que las propias compañías distribuidoras –las encargadas de facturar la electricidad– desmintieran a los pocos meses el bulo: el daño ya estaba hecho. También resulta difícil convencer a los contribuyentes de que las renovables no son las causantes de la subida de la luz, como se han dedicado a airear Industria y los sectores convencionales de energía en los últimos meses. Y es que ya se sabe: una mentira mil veces repetida se transforma en verdad.</p>
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